Faltaban al menos siete turnos para que pudiera ordenar mi comida y el berrinche del niño dos lugares adelante amenazaba mi cordura. Tenía varios minutos así y a medida que pasaba el tiempo mi paciencia se agotaba. Igual que yo, los comensales tenían la mirada clavada tanto en el niño como en el padre responsable del espectáculo, ya sea por haberlo provocado de forma directa o, en su defecto, por permitirlo.

El padre, posiblemente al no saber manejar la presión que ejercían las miradas, tomó al niño del brazo, lo jaló con fuerza hacia él y lo zarandeó de forma violenta. Mostrando los dientes amenazó al niño diciendo que le daría una buena razón para llorar, intentó ser discreto pero no se puede ser muy discreto cuando todos están atentos a uno. El resultado: la reprobación e indignación general por parte nuestra y un berrinche aún mayor por parte del niño.

De manera repentina el hombre adelante de mi tomó al niño del brazo izquierdo, su paciencia se había terminado. En un rápido movimiento jaló una vez con fuerza para llamar su atención y gritó con intensidad algo que, si bien puede ser considerado reprobable, todos pensamos en ello. El "¡Que te calles carajo!" se impuso no sólo al llanto del niño, sino sobre toda persona en aquel local. En mi sorpresa intenté discernir si iba con ellos, pues no imaginaba a un extraño haciendo algo así a un niño, menos enfrente del padre.

Después de ese estallido el silencio se impuso. Se podía escuchar el sonido de las papas friéndose en aceite.

Los ojos del padre se abrieron como platos, su reacción tomó un par de segundos. Grito una maldición a la vez que su puño viajó en dirección a la nariz del espontáneo. El hombre se fue de nalgas al suelo.

El niño se mantenía en silencio. Su padre lo tomó del brazo, ahora de forma gentil. Lo cargó en un brazo ayudándose del hombro, del mostrador tomó una bolsa de papel y la Cajita feliz del niño y abandonaron el local. No escuché lo que dijo pero le hizo una caricia en el cabello para después darle un beso en la frente.

Cuando el personal del local pudo reaccionar salieron del mostrador para ayudar al hombre. Sangraba por la nariz. Le ayudaron a incorporarse y le ofrecieron llevarlo al baño, él rechazó la ayuda, se paró frente a una caja y ordenó. De forma paulatina se escuchó nuevamente el bullicio de las personas regresando a sus conversaciones, aunque muchos permanecimos atentos a aquel hombre. Recibió la comida y subió al segundo nivel, quizá buscando privacidad.

Ordené mi comida y sin pensarlo fui tras él. Ésta vez fue el morbo el factor para elegir mesa. Aunque estaba a varias mesas de distancia seguí atento a aquel hombre. Mientras depositaba la charola en mi mesa lo vi usando una gran cantidad de servilletas para detener la hemorragia. Para mi sorpresa el hombre tenía una amplia sonrisa que mantuvo en todo momento, lo que hacía la escena aún más extraña.

Terminé de comer y para depositar la charola fui al bote de basura más cercano al sujeto.

-¿Estás bien?
-Sí, gracias.
-Dijo manteniendo la sonrisa.
-Pareces muy feliz.-Añadí.
-Lo estoy.

Escogí con cuidado mis siguientes palabras pues evidentemente estaba frente a un loco.

-¿Me perdí de algo? ¿Conoces a esas personas?
-No. No los conozco.
-No entiendo el motivo de tu alegría.


Hizo una pausa, miró a algún punto por unos segundos ordenando sus ideas y luego se dirigió a mi.

-El padre lo pensará dos veces antes de tocar a su hijo y el niño comerá hoy su Cajita feliz con su héroe.

Vaya que hay cosas que escapan a la vista. Sonreí, le di una palmada en el hombro y regresé al trabajo.

Comments (4)

Lilith Lalin dijo...

Wow!! =D linda historia. Me encanto. Un abrazo

Isela dijo...

Por eso no me gusta la "cajita feliz"... ¬¬ :P

Oder dijo...

Inesperado el final. Repudio esas cadenas de alimentos. Es difícil ser padre y lidiar con berrinches. Buen tipo, pero no entendí del todo su punto. Buen relato...

Anónimo dijo...

Esta entrada esta muy interesante..sobre todo la parte en que se rompe por completo el paradigma de "el tipo malo entrometido" y dejas ver una situación de reflexión..Me encantó por que yo soy madre y a veces se nos hace muy fácil imponernos sin pensar claramente si eso esta fortaleciendo la relación padre-hijo o mas bien nos aleja de ellos..Un saludo.

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