Cinco flechas permanecen en el escudo del caballero. No se percibe la herida mortal. En otro lugar su reina celebra.




La entrada tenía algunas semanas guardada como borrador. Consiste en tres fotografías que tomé sin moverme de lugar, apuntando hacia el mismo sitio pero con una pequeña gran diferencia.

Consideré publicar sólo una de las fotografías pero lo haré como lo pensé al momento de tomarlas. El título original era "El horizonte y mis ojos". Decidí quedarme con "Mi horizonte", el último de los tres.






A mi muerte me van a hacer falta...




Hace treinta minutos tenía treinta minutos más de vida. Y tú también.



Procura olvidar esta entrada y disfruta el ahora.



En un inicio lo intentaron disfrazar como un nuevo tipo de influenza, suspendieron clases, cerraron negocios, paralizaron la ciudad. Sin embargo se esparció de tal forma que en unas semanas no pudieron ocultarlo más, estaba ahí afuera a la vista de todos.

La siguiente etapa fue terrible y de gran confusión. Lo politizaron y comenzaron a justificar su desgobierno con dicho evento. A la clase política le vino bien, muchos lo manejaron de forma retroactiva para ocultar corrupción, enriquecimiento ilícito, tráfico de influencias y su torpeza en la toma de decisiones.

Durante su sexenio, Felipe Calderón atribuyó un buen porcentaje de los más de 70,000 muertos en "la guerra contra el narco" a los zombies, especialmente los cuerpos decapitados y aquellos que terminaban irreconocibles diluidos en tambos con ácido. Para mala suerte del gobierno federal los zombies no usaban armas, de lo contrario hubieran conseguido maquillar aún más estas cifras.

Los gobiernos de los estados hicieron lo propio. En un hecho sin precedentes el titular de la Secretaría de Seguridad Pública de Tamaulipas, Antonio Garza, adjudicó la responsabilidad por la fuga de 89 reos del penal de Reynosa a los muertos vivientes. En la capital del país el jefe de gobierno Marcelo Ebrard atribuyó en lo consecuente todas las marchas que paralizaban la ciudad a las hordas de muertos vivientes. Sin importar si eran los sindicalizados del SME, maestros o campesinos, a todos los hizo pasar por zombies sin pensar que en un futuro cercano la mayoría lo sería.

En el Estado de México el entonces gobernador Enrique Peña Nieto (quien fuera el último presidente que tuvieron los Estados Unidos Mexicanos) utilizó a estas criaturas en el mayor escándalo mediático al que se enfrentó y que lo sepultó de forma temporal ante la opinión pública: la misteriosa desaparición y asesinato de una niña de 4 años. De no haber sido por la oportuna aparición de los zombies y el manejo que Televisa dio a los mismos, posiblemente no habría conseguido sacudirse el lastre del caso Paulette y así habitar Los Pinos, ocupar la silla presidencial. Al ver los resultados aprovechó la exitosa fórmula para callar los rumores que lo responsabilizaban sobre la muerte de su anterior esposa (o ex-esposa).

A los zombies también se les responsabilizó por el incendio de la guardería ABC, fallidos intentos de rescate en decenas de secuestros y, sin ir más lejos, basta decir que la Federación Mexicana de Futbol adjudicó los malos resultados y la eliminación de la selección Nacional en el mundial de Brasil a los no muertos (o no vivos, como sea).

La población hizo lo propio, se tomaron libertades que iban desde el saqueo de centros comerciales hasta realizar linchamientos en sitios públicos para después argumentar que el delincuente (y con seguridad uno que otro inocente) era un muerto viviente. Ante la nueva y desconocida amenaza la autoridad no tenía forma de rebatir dichos argumentos. Para variar no supieron reaccionar.

Pero este descontrol sería temporal. El sistema no tardaría en terminar de colapsarse y así, eliminado el espejísmo de la civilidad, regresar al orden natural, el de la supervivencia. Dejamos de hablar de derecha o izquierda que a final de cuentas son la misma mierda. Dejamos de pronunciar sus nombres, de pensar en alzas imposibles que hacían posibles y absurdos impuestos que sólo servían para mantener su lujoso nivel de vida. Durante décadas la historia de nuestro pueblo se llenó de dolor, de discriminación y de atropellos. Nuestro sistema de justicia al servicio de quien lo pudiera pagar. Nuestra tierra consumida en recursos y espíritu. Sin importar si era de día o de noche vivímos en completa oscuridad. La dictadura perfecta que en sus últimos años quisieron disfrazar de alternancia había terminado.

Mirando en retrospectiva sin duda es lo mejor que le pudo haber ocurrido a este país. Por vez primera, después de 200 años, supimos lo que en verdad era ser independientes. Fue así que gracias a los zombies se terminó la epidemia.

Hoy podemos empezar de nuevo.





Crecí entre libros. Las historietas fueron parte importante de mi formación. Despertaron la afición por la lectura y provocaron que mi mente divagara buena parte del tiempo en mundos fantásticos, característica que aún conservo.

En el colegio solía privarme de comer a la hora del recreo para usar el dinero destinado al almuerzo en el comic de Batman. Cuando mi madre preguntaba por lo que había comido respondía religiosamente: un sandwich, una dona y un Boing. Eso nos dejaba tranquilos a los dos.

Siempre me sentí atraído hacia el oscuro personaje (me refiero a Batman, no a mi madre). Mientras los compañeros soñaban con volar yo imaginaba contemplar la ciudad desde el edificio más alto. Por supuesto que pensé en aprender artes marciales y hacerme de equipo propio de las películas de ciencia ficción para que me sirviera en mi guerra contra el crimen. Qué duro sería crecer.



Mis gustos se fueron diversificando pero la predilección por personajes oscuros no cambió. Comencé a leer Daredevil y Punisher. Imitando al primo Samuel tapicé las paredes de la habitación con comics. Samuel era un gigante de gran talento para dibujar. Años después me regalaría su colección de comics, no lo sabía pero me había convertido en coleccionista.

A las habituales lecturas de superhéroes de DC Comics y Marvel se sumaron Archie, la familia Burrón, Garfield, Mafalda, Memín, Video Risa e incluso uno que otro sensacional (Sensacional de Luchas, Libro Vaquero). Todos serían pasajeros, no así un personaje creado en 1932 por Robert E. Howard llamado Conan el Cimerio.

No me había percatado de la existencia del comic debido a que era publicado en blanco y negro. Mi mente infantil se sentía atraida por los dibujos y los colores pero eso cambiaría en cuanto lo tuve en mis manos. Me encerré en la habitación y comencé la lectura. En las primeras páginas y en una secuencia explícita Conan el Cimerio en un movimiento cortaba la mano de un hombre y, acto seguido, rebanaba su yugular. Mientras el mercenario agoniza en los dos siguientes páneles Conan despacharía a otros dos ladrones. "¿Es un comic?" pensé al mirar esa mano cercenada volando aferrada a una espada y en el cuadro contiguo el mismo hombre usando su única mano para intentar contener la sangre que brotaba del cuello mientras se le escapaba la vida. Volteaba a la puerta constantemente temiendo ser sorprendido por mi madre con esa lectura tan adecuada para un niño de 9 años. La leyenda "Para su venta a mayores de 18 años" sólo lo hacía más atractivo.



El rojo de la sangre era representado por un dramático negro al ser impreso a una tinta. En esas páginas conocí un mundo que me sedujo: cofradías de ladrones, mercenarios, hechiceros y mujeres voluptuosas vistiendo breves telas que poco dejaban a la imaginación. Descubrí un mundo salvaje y cruel diferente a los motivos heroicos de los personajes en mallas. A diferencia de otros títulos este era sobre el espíritu de supervivencia del hombre.

No tardé mucho en conocer de autores. Buscaba títulos escritos por Roy Thomas y Alan Moore. Igual sucedió con los dibujantes e incluso ponía atención en los artistas responsables de las tintas (recuerdo con especial aprecio a Ernie Chan, virtuoso para los ashurados). Años después el limitado catálogo de títulos en español me haría buscar material de importación, fue así que aprendí inglés (juegos de rol y juegos de video también ayudaron).

Por lo raro que resultaban dichos materiales importados tenía especial atención en su cuidado. Compré micas a la medida para guardarlos y conservarlos en perfecto estado. En esa etapa tuve las dos caras de la moneda en cuanto al cuidado de mis cosas. Por un lado comics clavados en la pared, perforados por la parte superior para fijarlos al muro, con las orillas dobladas y algunos deshojándose por el maltrato sufrido cada vez que decidía leerlos de nuevo. Por el otro los comics importados con mejor calidad de papel, protegidos por micas y guardados en cajas. Desarrollaba sin saberlo una neurosis que me acompañaría durante algunos años y que se extendería a otras cosas (huellas digitales en materiales impresos, guardar los discos en su celofán, etc.), afortunadamente esas manías quedaron atrás.

Perdí contacto con los comics por algún tiempo, pero a los 15 años un compañero de clase me mostró la novela gráfica que me haría regresar a ellos. "Arkaham Asylum" de Grant Morrison. Aunque fue publicada en 1989 la leería 5 años después. El arte de Dave McKean muy acorde al motivo de la novela. Trazos violentos y desequilibrados acompañan una historia en donde el tema central es la locura, pero no sólo la de los villanos, también la del mismo héroe.



"The Dark Knight Returns", "Sin City" y "300" de Frank Miller, "Watchmen", "The killing joke" y "V from Vendetta" de Alan Moore. Mi librería se diversificaba y junto con ella la temática de lectura. Años después dejé casi por completo los motivos de superhéroes a cambio del barbarismo (Conan, Kull y Solomon Kane de Robert E. Howard), muertos vivientes en la serie "The Walking Dead" de Robert Kirkman y una que otra publicación aislada como "Pride of Baghdad" de Brian K. Vaughan, novela basada en hechos reales que tuvieron lugar en abril de 2003, narra la historia de una manada de leones que escapa del zoológico de Baghdad tras un bombardeo del ejército estadounidense a la ciudad, sin embargo aborda un tema mucho más profundo, la libertad de espíritu.




Hay gran controversia en torno al medio. Desde el uso del término cómic, historieta o tira cómica; hasta sobre si debe o no ser considerado arte. Estudiosos de la materia le llaman arte secuencial, narrativa gráfica, etc. De momento no pretendo comentar en este respecto, pero sin mucho detalle es así que he vivido una de mis principales aficiones. Han tenido una gran influencia en mí y en la persona que soy. Mucho tienen que ver en mi gusto por el arte, los motivos fantásticos, la ficción, el horror, la mitología y la historia, etc. Podría escribir un tratado sobre títulos como "Conan", "The Walking Dead" y cierto material (no todo) de "Batman", "Daredevil" o "Wonder Woman" pero no les haría justicia. Espero tener oportunidad de abordar algunos con mayor detalle, pero eso es material para otra entrada.





¿Y si de repente el pan de muerto en verdad fuera de muerto?




Me hice de una máquina de escribir. Hasta conseguí un gato. ¿Por qué carajos no soy capaz de escribir?




‎-¿Y si nos peleamos? -Le escuché decir por el auricular. En mi mente sus labios.

-Nos reconciliamos -respondí.


La generación que sucede a la nuestra no dará crédito a cómo es que terminamos con todo. Por nuestra parte y sin intención de evadir nuestra responsabilidad, diremos que fue un proceso de años el terminar con los recursos. No fue un accidente o una catástrofe repentina. La realidad es que, igual que a nosotros, a nuestros padres y a los padres de nuestros padres tampoco les importó. Aunque sólo es consuelo de tontos.

Quizá no tomaron acciones pues debieron pensar que faltaba mucho tiempo para que ocurriera. Que no les tocaría a ellos explicar a los niños y tenían razón, esto nos tocaría a nosotros.

Recuerdo los días en los que la gente robaba y asesinaba por ambición y no por sobrevivir como ahora. Nuestra condición actual tiene nuestros instintos más primitivos y me doy cuenta que es el comportamiento natural de nuestra especie. La reglas de nuestra sociedad, la civilidad, la etiqueta, todo fue una ilusión que mantuvimos durante algún tiempo antes de que todo se cayera a pedazos.

Ahora no contamos con agua potable, sobra decir que las buenas formas han desaparecido. Los lazos se han reducido, la gente ve por los suyos y con esto me refiero a la familia inmediata, si es que la tienen. Lo sé porque hubo un tiempo en el que tuve por quien ver.

Cuando todo se colapsó formamos grupos con las personas más allegadas a nosotros: familia inmediata, familia política, amigos, vecinos, gente de confianza. A los pocos meses los números se redujeron de forma dramática, primero por los ataques de grupos mejor organizados o al menos mejor armados, después por la escasez. Las personas de confianza dejaron de serlo. Todo se fue a la mierda. Poco a poco la traición se fue enquistando en nuestras vidas. Por mi parte solía confiar. Confié hasta el día en que lo perdí todo, el día en que la perdí a ella.

Después de ese trance decidí aislarme. Temí crear nuevos lazos. Ver por mí resultaba más fácil al menos para mi conciencia. En algún punto perdí la noción del tiempo. No había semanas o meses, sólo día y noche. Un día a la vez. Así pasó mucho tiempo.

Uno de esos días llegué a lo que parecía haber sido una pequeña ciudad. No parecía haber muchos edificios, predominaban las casas o lo que quedaba de ellas. Igual que en los últimos 5 poblados no había señales de vida. Caminé sobre lo que había sido una avenida principal esperando encontrar un centro comercial o un supermercado para hacerme de víveres. El Sol en el asfalto cegaba mi vista, quemaba mi piel. Estaba agotado y a pesar de no encontrar lo que buscaba di con un minisuper sepultado bajo los escombros, de esos que solían operar las 24 horas. No me entusiasmó el hallazgo, ahora que lo pienso tenía tiempo que nada me entusiasmaba.

Permanecía un vehículo que había derribado la entrada al negocio. Me aproximé con cautela temiendo que alguna pandilla pudiera haber simulado ese oasis para atraer u su presa. Algunos se habían organizado para robar, usaban a las mujeres para lo que sus intenciones en el momento convinieran y asesinaban a los hombres. Lo sé porque lo viví y hubiera preferido comprobar esto último.

Debajo de la chamarra portaba un machete y una pistola que desconocía si servía. Me acerqué y llevé mi mano al primero anticipando cualquier sorpresa. Tuve especial precaución de no provocar ruido al caminar sobre los escombros. Subí una pila de rocas y pude ver al interior. Como lo esperaba ya había sido saqueado. De haber llegado primero hubiera hecho lo mismo. No tuve tiempo para frustrarme pues un sonido familiar me provocó un nudo en el estómago. El sonido abocó recuerdos de una época mejor. Una época donde hubo risas, conversaciones hasta la madrugada. Sentí esa ansiedad de correr para tomar la llamada.

Me tomó unos segundos identificar de dónde provenía el sonido. Si era una trampa hubiera sido presa fácil pues olvidé por completo cualquier precaución. Corrí sobre los escombros y tropecé cuando el pequeño cerro de rocas se derrumbó a mi paso. Ignoré los raspones y me incorporé de inmediato aguzando mi oído. El timbre del teléfono insistía desde una ventana en el primer piso de esa construcción. Me invadió una angustia terrible de que pudieran colgar al otro lado de la línea. Usé todo mi peso para vencer la puerta doble. Crucé el pasillo en cuestión de segundos y alcancé las escaleras. Ayudándome del muro subí los escalones de tres en tres, pude escuchar la madera crujir un instante antes de que mi pierna se hundiera hasta la ingle. No pude contener un grito que llenó el lugar. Me ayudé con los brazos para salir, una astilla del tamaño de una estaca se había enterrado en mi pierna. Puse una mano procurando contener la sangre pero mi mente estaba en otra cosa. El teléfono seguía sonando.

En la planta superior había gran cantidad de puertas pero eran tres habitaciones las que daban a la calle. Mi respiración agitada me impedía escuchar con claridad, me detuve un instante y derribé una de las puertas. La luz me cegó, distinguí una cama y tropezando me acerqué a ella. Al lado un buró con una lámpara sin foco y el aparato telefónico. Era uno de esos aparatos viejos que sólo había visto en películas. Tenía un disco para marcar un número tras otro. Mis padres tuvieron uno pero no recuerdo haberlo usado. Casi con violencia interrumpí el timbre.

-¿Hola?
-¡Dios! ¡No es verdad!
-Una voz femenina acarició mi oído-¡Tengo semanas intentando contactar a alguien! ¿Quién es?-El audio no era como lo recordaba, la calidad era pobre pero era mejor que nada.
-Soy...no importa, ¿quién eres tú?
-N...no puedo decirte. Sabes como son las cosas.
-¿Cómo son las cosas? ¡Tú me llamaste a mí! ¿Qué quieres entonces?
-...no estoy segura
-Guardé silencio para que continuara-¿Sabes? No pensé que haría si alguien contestaba. Llamaré después.
-¡No! ¡Espera! -El tono del teléfono me indicó que se había ido.

Mi primer contacto con alguien en mucho tiempo, claro que estaba desconcertado. No sabía si llamaría de nuevo pero temiendo perder la llamada fui al minisuper para buscar cualquier cosa que pudiera servirme en la espera. No tuve mucha suerte. Regresé a la habitación y procure adecuarla para descansar. Estaba inquieto. Miraba constantemente por la ventana y mi mente empezó a jugarme trucos. Consideré que pudiera ser una trampa, de ser así era un ingenuo al permanecer en esa habitación. Me asomé por la ventana pero no detecté nada extraño. Usé una mesa para bloquear la ventana y atrincherarme. Después me cambié a la habitación contigua. No sé cuanto tiempo pasó, pero el sueño me venció. Lo supe cuando me despertó el timbre del teléfono.

Me apresuré a contestar, esta vez por temor a atraer la atención de alguien que pudiera estar cerca más que por perder la llamada. Ella habló primero.

-Hola.
-Hola...¿pensaste que hacer?
-En realidad no.
-¿Puedes decirme con quién estás? ¿Cuántos son?
-Hay mucha gente aquí, pero en realidad no hablo mucho con ellos.
-¿Tienen agua y comida?
-Sí. No nos preocupamos por eso.
-¿Dónde están?-
Ella tardó en romper el silencio.
-...no puedo decirte eso...
-Entiendo que desconfíes pero yo estoy en la misma situación. No sé quien eres, no sé cuantos son. Dime qué propones.
-No lo sé, podríamos simplemente platicar
-Su voz tenía un dejo de tristeza.
-Mira...es muy lindo eso de platicar, pero no puedo permanecer aquí. Es peligroso.
-Dame oportunidad de ver qué puedo hacer. ¿Puedes esperar hasta mañana?
-...supongo.
-Te llamo entonces.
-...
-Ten cuidado, ¿ok?


Quería decirle que necesitaba platicar con ella, que quería verla. Quería estallar en su contra por tenerme a la espera de su decisión o la de los suyos. Mientras todas estas ideas se revolvían en mi mente ella colgó la línea. Me sentí como un animal domesticado a la espera de su ama. Deambulé por algunas horas y regresé a la habitación a esperar su llamada. Recargado contra el muro las gotas de sudor corrían por mi frente y cuello. Estaba débil, la inactividad y el hambre me estaban afectando.

Recibí la llamada al día siguiente pero igual que las anteriores todo fue una charla agradable y evasivas para un encuentro. Es por lo primero que permití esa mecánica los siguientes días. Aunque siempre mantuvo cierta distancia -nunca me dijo su nombre o habló de su pasado- llegamos a intimar. Le conté cómo sobreviví, le conté sobre el día en que perdí a mi pareja y en consecuencia me aparté del mundo. Ella intentaba impulsarme, devolverme la fe, hacerme creer de nuevo y, aunque sus palabras tenían sentido, las reservas que tenía para hablarme de ella hacía que sonaran huecas. Fueron días extraños, en esas conversaciones tuve que replantear algunas ideas, me sentía bien. Sin embargo todo es finito, especialmente los recursos. No podría permanecer un día más en ese sitio.

-Debo irme. Mañana ya no estaré aquí.
-Lo sé, sabía que sucedería tarde o temprano.
-Entonces ¿es todo?
-...no lo sé. Por ahora, supongo.
-Si me dieras un número telefónico yo podría llamar si encontrara otro teléfono.
-No te preocupes por eso. Yo veré como contactarte
-Sus palabras me provocaron un nudo en el estómago.
-¿De qué estás hablando? ¿Quiénes son ustedes? ¿Cuál es tu nombre? -El silencio anunciaba locura.
-No fue tu culpa amor. Sé que hiciste todo lo que pudiste para protegerme.

Mi mundo se volvió de cabeza, sentí vértigo y un vacío en mi estómago que se extendió a mis pulmones, tuve dificultades para respirar y mis ojos se humedecieron. Intenté decir algo pero no conseguí articular palabra.

-No puedes hacerte esto. No fue tu culpa -Seguí el cable del teléfono por debajo de la cama hasta el muro, lo encontré desconectado.
-...c...creo que perdí la razón. ¿Eres real?
-Sabes que no.


Al intentar hablar rompí en llanto. Comencé a balbucear algo que pretendía ser una disculpa y palabras desesperadas de un amor que no me cabía en el pecho. Lloré, lloré lo que no pude llorar en años. Lloré hasta que se me hincharon los ojos, se terminaron las lágrimas y luego lloré algo más. Sosteniendo el auricular le repetí que la amaba una y otra vez.

Me abandoné en la cama y vi a la Luna salir para luego trazar un arco. Vi el cielo cambiar a tonalidades naranjas para luego volverse azul. Cansado de estar tendido me puse en pie dispuesto a seguir mi camino. Me detuve antes de dejar esa habitación por última vez y miré al buró. Volví sobre mis pasos, tomé el aparato telefónico y lo introduje en mi mochila antes de partir.

He olvidado de manera paulatina esa sensación que me producía la llegada de la Navidad cuando niño. Tengo una vaga idea de lo que era y lo mucho que significaba para mi, pero año tras año se ha ido diluyendo hasta practicamente desaparecer.

Toda la víspera era mágica. La anticipaba desde el mes de Agosto y no cabía mi emoción cuando las calles y las tiendas se empezaban a llenar de motivos navideños. Esperaba con ansia los regalos de mis padres, tíos y por supuesto, los más especiales, de Santa. No menos importante era la cena en la que disfrutaba ver a la familia. Mi abuela y mis tíos nos colmaban de regalos año tras año. Solíamos pasar esa noche jugando (los primeros años con juguetes, al poco tiempo con videojuegos) hasta casi el amanecer. El saber que al despertar encontraría los regalos bajo el árbol era lo único que me hacía querer ir a casa. Recuerdo que no podía dormir pensando en lo que encontraría, contaba los minutos y las horas y simplemente la ansiedad no me permitía dormir. Cómo cambiarían las cosas.

Llegó el día en que los compañeros comenzaron a hablar. Que si uno había encontrado los regalos escondidos. Que si otro sorprendió a su madre acomodando los juguetes y, para no extender esta entrada, la ilusión se terminó y comencé a envejecer.

A pesar de la nueva información seguía esperando la Nochebuena. Quizá no en Agosto como el año anterior, digamos Octubre, y aunque seguía entusiasmado por los regalos y la convivencia con mis primos algo cambió. Cuando al fin llego el día cené con la familia, disfruté una noche de juegos de video con mis primos y me fui a casa para que los regalos amanecieran bajo el árbol. Esa noche, por primera vez en Navidad, pude dormir sin dificultades.

Así sucedió año tras año. De forma paulatina fui envejeciendo. Envejecí cuando comencé a pensar en las fiestas navideñas hasta que las tiendas eran retacadas con dichos motivos. Al año siguiente ni siquiera esto me haría pensar en Navidad. Envejecí cuando llegó el año en que hasta el mismo 24 de Diciembre me daría cuenta que por la noche estaba el compromiso de cenar con la familia. Así continua siendo hasta ahora.

Cualquiera pensaría que, a pesar de la ausencia de ilusión y esa magia única que se tiene cuando niño, al menos podría disfrutar la cena y la convivencia con la famlia. Diversas circunstancias han hecho que esto no sea posible, pero ese no es el motivo de esta entrada.

Me permito esta extensa introducción para tratar otra situación similar. Y es similar pues trata sobre perder la ilusión y envejecer.

Así como perdí el esperar la Navidad desde Agosto, el escribir la carta, la alegría de ver a mis primos o el no poder conciliar el sueño en la Nochebuena, también olvidé a querer. Olvidé cómo se cuentan las horas del día esperando llamar y escuchar su voz, olvidé las mariposas en el estómago al verla, el quedarse sin aliento o sentirse aturdido después de un beso.

Como la Navidad, esas extrañas sensaciones se fueron diluyendo con el paso del tiempo. No sé si fue cuando envejecí o envejecí debido a esto. Siempre busqué hacer funcionar la relación, pero a pesar de ser un entusiasta en algún punto dejé de creer. Podía más mi egoísmo. Llegué a pensar que el querer de esa forma era algo propio de la adolescencia, así como el creer en Santa Claus es algo propio de la infancia. Me dijeron que no tenía por qué preocuparme, que llegaría, pero sonaba tan hueco. Sin ir más lejos, basta decir que me hice a la idea de estar sólo. Y entonces tú.

¿Desde cuándo se empezó a tejer esto? ¿desde cuándo comenzó a conspirar el Universo para que nuestros caminos se tocaran? Me rebasa pensar en ello, pero de manera repentina traes de vuelta esas sensaciones y sentimientos a los que había renunciado. La ilusión en una canción, o muchas. La magia a través de tus ojos, sentirla en tus dedos. Saberte cerca cuando estás lejos pero sin dejar de extrañarte. Traes de vuelta cosas que había olvidado y otras de las que no me sabía capaz, cosas que solo serían posibles contigo amor.

Y ahora, despúés de ti, me pregunto si debería dar a Santa una segunda oportunidad.


Por hacerme creer, por devolver la ilusión...


Para ti V.




-¿Me marcas?- Dijo con sonrisa coqueta mientras escribía su número en la libreta.

La miró sin decir nada, por su mente mil ideas en torno a esas dos palabras. Ninguna sobre llamarla por teléfono.


Train - Hey, Soul Sister by hifimagazine




"Nosotros nacimos de la noche. En ella vivimos. Moriremos en ella. Pero la luz será mañana para los más, para todos aquellos que hoy lloran la noche, para quienes se niega el día, para quienes es regalo la muerte, para quienes está prohibida la vida. Para todos la luz. Para todos todo."





Manifiesto Zapatista en Náhuatl.


Al pueblo de México:

A los pueblos y gobiernos del mundo:

Hermanos:

No morirá la flor de la palabra. Podrá morir el rostro oculto de quien la nombra hoy, pero la palabra que vino desde el fondo de la historia y de la tierra ya no podrá ser arrancada por la soberbia del poder.

Nosotros nacimos de la noche. En ella vivimos. Moriremos en ella. Pero la luz será mañana para los más, para todos aquellos que hoy lloran la noche, para quienes se niega el día, para quienes es regalo la muerte, para quienes está prohibida la vida. Para todos la luz. Para todos todo. Para nosotros el dolor y la angustia, para nosotros la alegre rebeldía, para nosotros el futuro negado, para nosotros la dignidad insurrecta. Para nosotros nada.

Nuestra lucha es por hacernos escuchar, y el mal gobierno grita soberbia y tapa con cañones sus oídos.

Nuestra lucha es por el hambre, y el mal gobierno regala plomo y papel a los estómagos de nuestros hijos.

Nuestra lucha es por un techo digno, y el mal gobierno destruye nuestra casa y nuestra historia.

Nuestra lucha es por el saber, y el mal gobierno reparte ignorancia y desprecio.

Nuestra lucha es por la tierra, y el mal gobierno ofrece cementerios.

Nuestra lucha es por un trabajo justo y digno, y el mal gobierno compra y vende cuerpos y vergüenzas.

Nuestra lucha es por la vida, y el mal gobierno oferta muerte como futuro.

Nuestra lucha es por el respeto a nuestro derecho a gobernar y gobernarnos, y el mal gobierno impone a los más la ley de los menos.

Nuestra lucha es por la libertad para el pensamiento y el caminar, y el mal gobierno pone cárceles y tumbas.

Nuestra lucha es por la justicia, y el mal gobierno se llena de criminales y asesinos.

Nuestra lucha es por la historia, y el mal gobierno propone olvido.

Nuestra lucha es por la Patria, y el mal gobierno sueña con la bandera y la lengua extranjeras.

Nuestra lucha es por la paz, y el mal gobierno anuncia guerra y destrucción.

Techo, tierra, trabajo, pan, salud, educación, independencia, democracia, libertad, justicia y paz. Estas fueron nuestras banderas en la madrugada de 1994. Estas fueron nuestras demandas en la larga noche de los 500 años. Estas son, hoy, nuestras exigencias.

Nuestra sangre y la palabra nuestra encendieron un fuego pequeñito en la montaña y lo caminamos rumbo a la casa del poder y del dinero. Hermanos y hermanas de otras razas y otras lenguas, de otro color y mismo corazón, protegieron nuestra luz y en ella bebieron sus respectivos fuegos.

Vino el poderoso a apagarnos con su fuerte soplido, pero nuestra luz se creció en otras luces. Sueña el rico con apagar la luz primera. Es inútil, hay ya muchas luces y todas son primeras.

Quiere el soberbio apagar una rebeldía que su ignorancia ubica en el amanecer de 1994. Pero la rebeldía que hoy tiene rostro moreno y lengua verdadera, no se nació ahora. Antes habló con otras lenguas y en otras tierras. muchas montañas y muchas historias ha caminado la rebeldía contra la injusticia. Ha hablado ya en lengua náhuatl, paipai, kiliwa, cúcapa, cochimi, kumiai, yuma, seri, chontal, chinanteco, pame, chichimeca, otomí, mazahua, matlazinca, ocuilteco, zapoteco, solteco, chatino, papabuco, mixteco, cuicateco, triqui, amuzgo, mazateco, chocho, izcateco, huave, tlapaneco, totonaca, tepehua, popoluca, mixe, zoque, huasteco, lacandón, maya, chol, tzeltal, tzotzil, tojolabal, mame, teco, ixil, aguacateco, motocintleco, chicomucelteco, kanjobal, jacalteco, quiché, cakchiquel, ketchi, pima, tepehuán, tarahumara, mayo, yaqui, cahíta, ópata, cora, huichol, purépecha y kikapú. Habló y habla la castilla.

La rebeldía no es cosa de lengua, es cosa de dignidad y de ser humanos.

Por trabajar nos matan, por vivir nos matan. No hay lugar para nosotros en el mundo del poder. Por luchar nos matarán, pero así nos haremos un mundo donde nos quepamos todos y todos nos vivamos sin muerte en la palabra.

Nos quieren quitar la tierra para que ya no tenga suelo nuestro paso. Nos quieren quitar la historia para que en el olvido se muera nuestra palabra. No nos quieren indios. Muertos nos quieren.

Para el poderoso nuestro silencio fue su deseo. Callando nos moríamos, sin palabra no existíamos. Luchamos para hablar contra el olvido, contra la muerte, por la memoria y por la vida. Luchamos por el miedo a morir la muerte del olvido.

Hablando en su corazón indio, la Patria sigue digna y con memoria.



Subcomandante Insurgente Marcos.

EJÉRCITO ZAPATISTA DE LIBERACIÓN NACIONAL.




Estoy convencido de que un cambio de actitud puede mejorar todo. Con algo tan simple como una sonrisa mi día cambiará de manera radical así como el de las personas que me rodean. Es tan sencillo, no entiendo cómo es que sonreír no se vuelve una práctica común.

Ideas más, ideas menos, fue lo que pensé en la regadera la mañana de lunes. Pude sentir el cambio antes de salir de casa aún sin haber interactuado con nadie. Mi ritmo de sueño y de trabajo había hecho que el desayuno fuera un lujo que pocos días podía darme, ese día fue uno de ellos. Huevo son salchicha y jugo de manzana, incluso tuve tiempo de lavar los platos. Serví de comer a los gatos y percibí detalles en ellos que dentro de la rutina había pasado por alto. Por ejemplo la forma en que interactúan, su compañía en la rutina por la mañana, verlos pendientes de mis acciones mientras esperaban su comida y verlos jugar mientras terminaba de alistarme. Con un yogurt, una barra nutrimental, un libro y una libreta salí decidido a enfrentar el nuevo día con una mejor actitud ante la vida.

En el camino hacia el metrobús pasé frente a un pequeño local, un grupo de señoras tomaba café, supongo terminaban su desayuno. El dueño del local colocaba las mesas al exterior del local, me miró con gesto duro y sin detenerme le sonreí. Desvió la mirada y continué mi camino.

Cuadras más adelante pasé frente al sitio de taxis del parque de Tlacoquemécatl. Cuatro hombres platicaban mientras esperaban pasaje, todos fumaban. Les sonreí y asentí a manera de dar los buenos días, ninguno respondió. En lugar de eso suspendieron su conversación de forma abrupta, clavaron sus ojos en mí y dos de ellos dieron un par de pasos atrás obligándome a pasar entre el grupo. Como si se hubieran puesto previamente de acuerdo llevaron su cigarro a la boca al mismo tiempo, miré a cada uno sin quitar mi sonrisa y al pasar entre ellos miré al frente para evitar que lo tomaran como un reto y tuvieran el impulso de romperme la madre.

Le sonreí a toda persona que cruzó mi camino pero ninguno se percató, todos parecían llevar prisa. Algunos caminaban con la mirada al frente, otros la tenían fija en el suelo. Todos parecían estar demasiado ocupados en el trayecto cualquiera que fuera su destino.

Una cuadra antes de llegar al metrobús un ciego cruzó mi camino, quizá por el absurdo de sonreír a un ciego o quizá buscando que supiera que estaba ahí reí de manera involuntaria, nada escandaloso, pero mi risa no fue bien recibida. Volteó directo hacia mí posiblemente para hacerme saber que estaba al tanto y, quizá pensando que me burlaba de su condición, su semblante se tornó molesto. Me pareció curioso que me siguiera con la mirada aún después de pasar de largo.

Ingresé al metrobús. Por lo general procuro esperar el tiempo que sea necesario para abordar sin tener que aplastar a nadie pero después de 15 minutos decidí sacrificar mi comodidad a cambio de llegar a tiempo al trabajo.

Subí con mi permanente sonrisa, algunas personas me miraron raro pero eso no cambió mi semblante. Sentí una mirada penetrante y al voltear descubrí a una mujer aferrada a un tubo y con sus ojos muy abiertos y atentos a mí. Por supuesto le sonreí y ella, sin dejar de mirarme, se alejó en dirección al área exclusiva para mujeres. Torcí un poco la boca pensando en lo que pudo pasar por la mente de aquella mujer, seguramente que sería algún pervertido. No puedo culparla, de alguna forma tendría razón. Mis dudas se despejaron cuando descubrí a otras mujeres que acusaban y sentenciaban con la mirada a aquel pervertido del transporte público que osaba mirarlas con toda clase de pensamientos obscenos y sin poder disimular su perversa sonrisa. Temiendo que alertaran a la policía decidí voltear en dirección opuesta.

Aunque los varones no hicieron mayor problema tampoco recibieron muy bien mi sonrisa. Evitaban el contacto visual. Fueron 30 minutos en los que ninguno quitó la jeta. Estuve a punto de perder la sonrisa pero descubrir los bigotes de una mujer al frente mío me devolvió el buen ánimo.

Al llegar a mi lugar de trabajo las cosas mejoraron. Al saludar recibí muchas sonrisas de vuelta, pero fuera de los buenos días la sonrisa se convirtió en un elemento extraño a medida que avanzaba el día.

-¿Ahora tú que traes? - Comentó Ramírez.
-Nada, ¿por? - Contesté sin perder la sonrisa.
-Andas de cabrón ¿verdad? –Agregó-. ¿Ya te cogiste a la chaparrita?

Me pareció divertido su comentario. Negué con la cabeza riendo y reflexionando en la forma en que el humor de las personas es relacionado directamente con el sexo. Me vinieron a la mente frases que escuché con anterioridad como "necesita un acostón", "anoche le tocó" u "hoy toca" entre otras.

-Una apuesta a que voy al lugar de la chaparrita y trae la misma sonrisa. ¡Pinche Paquito! Esa si no me la sabía. - Agregó marchándose a la vez que estrellaba su palma en mi espalda sin darme oportunidad de responder.

La mañana pasó con normalidad. Poco antes de la hora de comida recibí una llamada de mi jefe, me requería en su oficina. Me presenté con la misma sonrisa que con el resto de las personas que habían cruzado mi camino ese día y debo haberlo perturbado pues me miraba extrañado y en lugar de “Hola” dijo “¿Qué?”. Comenté que no sucedía nada y pregunté qué requería. Me pidió afinar algunos puntos de un proyecto para el final del día pero por la premura con la que lo solicitaba le hice ver que los cambios no estarían listos. Respondió que mejor me diera prisa. Asentí con una sonrisa casi idéntica a la que tenía cuando entré. Sobra decir que me privé de comer pues de otra forma no terminaría el encargo. Transcurrió el día como tantos otros con la diferencia de los cambios de última hora que no eran pretexto para descuidar tareas y pendientes que arrastraba de antes.

Llegó la hora límite y me presenté con las modificaciones solicitadas. Abrí los archivos y comencé a explicar en que consistían los cambios más significativos. Pasaron algunos segundos cuando interrumpió mi ponencia para preguntar de qué me estaba riendo. Aclaré que no me estaba riendo de nada, que simplemente sonreía y preguntó por qué carajos lo hacía. Le dije que no tenía importancia, que no sucedía nada. Aflojó el nudo de la corbata, el cuello de la camisa y con voz agotada comentó que no nos estábamos entendiendo. Su reacción me pareció infantil. Sin saber cómo explicarme no pude contener una risa nerviosa ante tal absurdo pero sólo conseguí enfurecerlo más. Exasperado pidió que me retirara, agregó que revisaría el archivo, que cualquier duda me avisaría y que en otro momento hablaríamos de mi problema de actitud.

Salí tan tarde que el transporte público ya no operaba a esas horas. El estómago reclamaba mi compromiso con el trabajo pero mi irresponsabilidad hacia mí. Caminé buscando un sitio de taxis o algún lugar donde pudiera conseguir alimento, lo que sucediera primero. Encontré un bar y pensando que pudieran servir alimentos ocupé una de las mesas del fondo. Pedí la carta y encontré con agrado tacos y tortas dentro del menú.

Ordené unos tacos de bistec y pedí una cerveza mientras esperaba. La chica era agradable, sin embargo no tenía forma de estar seguro si su sonrisa era sincera o más bien parte de su trabajo. Debo haber estado demasiado cansado pues consideré preguntárselo. Me reí sólo y en la mesa de enfrente dos hombres me miraban con cara de pocos amigos. Pensando en las posibilidades de que algo más saliera mal procuré mirar en otra dirección, pero por algún motivo no quité la sonrisa. Eso pareció molestarles pues al voltear los descubrí con sus ojos fijos en mí, lo que me pareció absurdo o gracioso y mi sonrisa se hizo más pronunciada. Uno de ellos se puso de pie y se acercó a la mesa.

-¿Eres maricón? - cuestionó.
-No, no soy maricón. – respondí mirando directo. - ¿Y tú?

La botella se estrelló en mi cabeza, la cerveza corría por el cabello y cuello hasta mojar mi camisa. La silla en la que estaba sentado cayó al incorporarme y mientras sujetaba el brazo de mi agresor su compañero ya estaba de pie apartando la mesa para dejarse ir sobre mí a patadas.

La joven mesera y otras dos personas reaccionaron con prontitud quitándomelos de encima. Estaba aturdido con una mano en la cabeza buscando cristales incrustados en el cráneo. No entendí bien lo que sucedía pero pude ver que se llevaban a mis agresores. El primer hombre gritó “¡Para que sigas sonriendo pendejo!”. Minutos después descubrí que lo que corría por el cuello no sólo era cerveza sino también mi propia sangre.

El dueño del lugar me acompañó al baño y me auxilió para evaluar el daño y asearme un poco. En ese momento me pareció muy amable pero de regreso a casa pensé que toda esa amabilidad respondía al temor de que decidiera denunciar lo que representaría problemas serios para su negocio.

Caminé poco más de una hora, llegué a casa casi a las dos de la mañana. El dolor de los pies era peor que el del golpe que recibí en la cabeza. Llegué al portón del edificio, subí los tres pisos, entré y me recibieron los gatos con la misma efusividad que tenían en la mañana. Fui directo al baño para examinarme en el espejo, tenía el cabello pegajoso y en los dedos pude sentir la sangre seca. Con ambas palmas llevé agua a mi rostro primero, luego al cabello y el cuello. Tomé la toalla, me sequé y entré en la habitación.

No quise encender la luz. Caminé al otro lado de la cama, las cortinas estaban abiertas y la luz de Luna se proyectaba al interior.

-¿Cómo te fue? – le escuché decir muy bajito con voz adormilada. Me acerqué y la besé en la frente. Me senté a su lado mientras enredaba mis dedos en su cabello. Sus ojos se entreabrieron buscando mi rostro. Le sonreí, me devolvió la sonrisa y se acurrucó en mí. Su piel tibia contra mi cuerpo.

Mirando por la ventana, con su sonrisa en mi mente y ella abrazada a mí, descubrí que después de todo el saldo era favorable. Estoy en paz.

Tengo 3 proyectos personales que encuentro interesantes. Por otro lado, en cuanto a la escritura, me vienen ideas que pudieran ser breves historias o quizá ser parte de algo más grande, de un cuento o un relato mayor, de mi novela. ¿Forma sobre sustancia o sustancia sobre forma? Ya no sé. Uno de los proyectos me entusiasma de sobremanera, no sólo sería algo increíble para mí, siento que estaría consiguiendo una diferencia en mi entorno, sería como mejorar un poco lo que está en mi campo de acción inmediata, claro, siempre y cuando también le interese a los demás. El segundo es sobre mi país y lo que me molesta de el, partiendo de nuestra corta memoria colectiva, nuestra indiferencia y nuestra condescendencia en relación a la negligencia y abuso de las autoridades, sin importar la dimensión o la gravedad del suceso. El tercero…no recuerdo de que era el tercero, no importa.

Mientras los aterrizo publicaré algo en el blog. Pareciera que tengo dependencia al revisar los blogs de mis amigos e intentar mantener activo el mío. Que cagado, siempre me gustó leer pero nunca consideré escribir, no lo hice sino hasta que pasaron años de que dejé de dibujar, supongo que tarde o temprano por alguna vía tendría que salir lo que he reprimido por tanto años. Curioso que nunca pensé en la escritura sino hasta esa madrugada de 2 de Octubre en la que se cayó a pedazos el único amor platónico que he tenido, creo.

Bien, ¿sobre qué escribir? Pudiera ser sobre esa llamada en la madrugada, un intento de extorsión el fin de semana pasado. Dijeron que tenían secuestrada a mi madre, cabrones. Claro que en ese momento no sabía que era una extorsión, ¿cómo habrái de saberlo? Ahora puedo escribir sobre eso más tranquilo, al menos sin que me tiemblen las rodillas. Ya lo tengo en borrador pero en el camino me sentí desmotivado, se quedará ahí algunas semanas hasta que me decida a eliminar el borrador y desecharlo para siempre.

Podría escribir sobre los tropiezos que he tenido con algunas personas, pero sería darles más importancia de la que tienen. Mejor me concentro en los temas de los que he estado leyendo recientemente. “Estoy podrida” me dijo, “lo siento”. ¡Como si yo no cargara con problemas! La diferencia es que yo no los uso como pretexto para empezar con el pie izquierdo la siguiente relación, o mejor dicho, no empezarla. Cobarde. No tengo mucha energía para complicarme más de lo que ya estoy, o quizá sí, siempre tengo energía para eso.

¡Ah sí! El tercero es sobre un blog adicional con mis dibujos, puros dibujos. O podría incluirlos en este mismo blog, quizá sea una mejor idea. Que mal que se haya mojado mi libreta. Es increíble que no le haya sucedido gran cosa fuera de la primera hoja pegada a la portada, también es increíble que de las 24 horas que tiene un día el diluvio haya caído justo los 20 minutos que tuve que caminar de Insurgentes a mi casa. Podría escribir de eso, de cómo se me vino el cielo encima, con granizo que pudo abrir mi cabeza. Cuando lo platiqué con ella hasta yo lo encontré divertido: dios cagándose encima mío. Fue por una simple broma pero parece que dios no tiene sentido del humor, o el que no tiene sentido del humor soy yo y no entiendo. Dije que lo único que quedaba por salir mal era que se fuera la luz y se fue, y entonces soy iluminado porque puedo verlo cagándose de risa. Pero bueno sobre el nuevo blog para dibujos considero que si tuviera múltiples blogs seguramente terminaría descuidando alguno, o todos, o quizá no.

Terminé el libro de Sin tetas no hay paraíso y ahora no sé que leer. En la lista de espera hay 3 libros más sobre narcotráfico, pero me parece un exceso. Además de Los Capos, Perra Brava y El México narco tengo Tarántula, Arrebatos carnales o Palinuro de México. Éste último llama mucho mi atención, pero parece un libro extenso, quizá debería irme por uno ligero y así descartarlo pronto en lugar de quedarme con tantos en lista de espera. Creo que leeré Palinuro, o Tarántula, o los dos.

Hoy no tuve éxito evitando a los compañeros de trabajo a la hora de la comida, ¿o fue ayer? Han estado insistiendo las últimas tres semanas. Aprovecho la hora de comida para leer y dibujar, hubiera preferido compartir mis alimentos con un libro o la libreta, la que se mojó hoy. Me desagrada la gente, creo que es mutuo. No sé si yo los odiaba primero y después se dieron cuenta o si ellos me...no, debe haber sido lo primero.

No creo estar listo para nadie. No estoy listo para mí, ¿cómo podría estarlo para alguien más? Y ahora estoy divagando.

Carajo estoy escribiendo en voz alta…



No me hace falta más que un lápiz para ser dios. Y si dudan de mi poder no requiero más que una goma.



Sin Tetas No Hay Paraíso
por Gustavo Bolívar Moreno


My rating: 3.5 of 5 stars




La primera vez que escuché de "Sin tetas no hay paraíso" fue debido a una nota en el periódico pues, dentro de la doble moral que abunda en los medios de comunicación mexicanos, alguien decidió cambiar el nombre de la obra a "Sin senos no hay paraíso". Seguramente consideró que la palabra "tetas" era demasiado fuerte para la audiencia, no así el tema de la prostitución infantil, la explotación de menores, la trata de blancas, la cruda realidad que se vive en Colombia con el narcotráfico (y en muchos países más) y la descomposición social que tenemos hoy día.

Pasó algún tiempo desde esa nota y hace un par de semanas, buscando temas de actualidad en la librería (sobre narcotráfico para ser más concreto), encontré el libro de Gustavo Bolívar Moreno y fue entonces que me decidí a comprarlo interesado en conocer sobre el tema en el país hermano de Colombia.

El libro trata sobre Catalina, una niña de 13 o 14 años oriunda de Pereira, habitante de un barrio pobre y sin educación. El sueño de Catalina, al igual que el de sus amigas, es hacerse de un "traqueto" (narcotraficante) para que le cumpla sus caprichos y así acceder a ese glamoroso estilo de vida que ha visto en otras chicas. Pero en este mundo material entre ella y sus sueños se interponen sus tetas, o siendo más específico el tamaño de las mismas. Catalina hará lo necesario para conseguir su meta, aunque el precio pudiera ser demasiado alto.

La lectura es amena, Gustavo Bolívar lo narra con una familiaridad que hace la lectura ligera. No es un libro que derrame sangre pero no por eso deja de ser violento y cruel. Dentro de esa amena lectura el tema resulta desgarrador.

El autor aprovecha diversos puntos para poner en contexto al lector con apuntes precisos sobre situaciones relacionadas con el narcotráfico en Colombia, desde las detalladas descripciones de su estilo de vida hasta hechos que definieron la historia del pueblo colombiano como los asesinatos de candidatos presidenciales.

Aunque de primera impresión el libro pudiera parecer sutil al tratar un tema tan crudo, lleva detrás una enérgica denuncia a temas que son motivo de gran preocupación: el narcotráfico, la manera en que éste afecta a las generaciones, la explotación de menores, prostitución infantil y la pérdida de valores muestran un panorama gris en el horizonte colombiano, que en ese respecto no es tan distinto del mexicano.

Mi librería...



Comencé a envejecer el día que dejé de detenerme en el camino para recoger caracoles y así evitar que pudieran ser aplastados.



-Lo perdimos...

-¿No tiene pulso?

-Desde que llegué estaba muerto. Hablo del país.







La actitud y el accionar de algunas personas me hace pensar en un grupo de jugadores regalando partidos. No les importa destruir al equipo con tal de hundir al director técnico.

Así suele ser México.

El Extranjero
El Extranjero by Albert Camus

Mi calificación: 4 of 5 stars


Me preguntó si podía decir que aquel día había dominado mis sentimientos naturales. Le dije: "No, porque es falso."

Fue al leer esto que me di cuenta de la importancia de "El extranjero". Albert Camus nos ofrece una gran lectura por demás provocativa. Presenta a Meursault, un hombre que cursa por un trance en el que la apatía y el desencanto serán el enfoque con el que se aproxima a su entorno. Esta actitud se verá reflejada en las relaciones laborales, familiares, sentimentales, de amistad y en general en su convivencia con cualquier persona o situación relacionada con el protagonista, quien se ve envuelto en un proceso por un absurdo crimen consecuencia de su propio humor.

La indiferencia de Meursault no sólo alcanza su relación con los demás, también toca temas como lo son la divinidad y la muerte.

La narrativa es genial. Camus logra transmitir al lector ese dejo de apatía y escepticismo que quizá en algún momento haya experimentado y le facilita las cosas encarnando esto en el personaje de Meursault, de algún modo convirtiéndolo tanto en el protagonista de la historia como en espectador y hasta juez de su proceso.

Mi librería


Para mi familia del blog:


No lo sabía pero ya conocía este libro. No lo había leído pero siempre estuvo ahí, latente y esperando ser descubierto. Llegó a mi por una amiga quien me apuntó en la dirección correcta pensando que mi identidad en la red y el título del blog se debían al libro de Camus. Soy honesto al decir que no fue así, aunque debería.

Mi sentir al crear este espacio es parecido al que Camus expuso de manera soberbia hace 70 años, aunque fue 2 años después, en 1942, cuando fue publicado.

Este espacio que está por cumplir un año surgió en un momento de crisis (otra de tantas que he tenido desde años atrás) similar a la de Meursault, pero no sin sus variantes. Confieso que en mis crisis a la apatía y el desencanto del extranjero de Camus se suman factores como el resentimiento y el desprecio. Ojalá consiguiera esa especie de actitud zen del protagonista en la que se muestra como mero espectador al contemplar las acciones, hechos y absurdos de sus semejantes. Hasta ahora no he tenido tanta suerte.

Si bien ese sentir no me ha abandonado del todo sí se ha transformado. Las cadenas se convirtieron en alas. El sentirme ajeno a todo y a todos me ha dado también libertad. Personas, lugares, ideologías, creencias y prácticas por igual. He conseguido ponerme en contacto con una parte de mí que no conocía así como conocer personas de gran valía (si estás leyendo esto hay buenas posiblidades de que seas una de ellas). Cuestionar y tirar dogmas. Ser honesto al interior y al exterior, y si bien no siempre lo consigo, procuro ser congruente entre lo que pienso, digo y hago.

Buscaba cómo rematar mi comentario pero no encuentro las palabras y esta vez no me importa, de algún modo la estoy haciendo de ventrílocuo al hablar o escribir con el estómago. Pero eso sí, cuidando dejar esto abierto recurriré a los tres puntos...

Cursó el colegio soñando con el día en que su cuerpo se desarrollara y así poder usar tangas para su hombre. Al fin mujer, su hombre soñaba con verla en calzones de colegiala.


No es ningún secreto que el certamen Miss Universo ha buscado y requiere renovarse. Existen opiniones encontradas sobre el formato del mismo, especialmente sobre la parte intelectual que pareciera ser incluída por mero trámite, quizá buscando satisfacer a determinados grupos quienes consideran que estos concursos contribuyen a mostrar a la mujer como objeto.

Es así que, agotado por las preguntas timoratas, estas son las que le haría a la participante (y ahora ganadora) mexicana si estuviera en mis manos (el hacer las preguntas, no la participante):

1) Si dependiera de usted ¿en que habría empleado a los casi 30,000 muertos en 4 años por la llamada "guerra contra el narco" que hay en su país?

2) En relación al secuestro de Diego Fernández de Cevallos, ¿por cuál de las siguientes opciones se inclinaría?
a) En realidad fue secuestrado
b) Le dieron vacaciones
c) Lo tienen guardadito para destaparlo para 2012
d) Está viendo crecer los rábanos
e) La paz mundial

3) Si estuviera en la situación de cientos de miles de mujeres mexicanas y tuviera que dejar a su bebé al cuidado del Estado, ¿lo haría en la guardería ABC o lo enviaría al albergue Casitas del Sur?

4) ¿Cuál es su opinión sobre la postura del gobierno de algunos estados -por ejemplo Guanajuato- a condenar por homicidio en grado de parentesco a las mujeres que sufren abortos espontáneos?

5) Como representante de las mujeres mexicanas ¿qué le diría usted a las autoridades sobre los feminicidios en Ciudad Juárez y en el Estado de México que además de impunes presentan una tendencia a la alza?

Para bien o para mal no está en mis manos, y esa noche la pregunta para Ximena Navarrete fue la siguiente:

-En tu opinión, ¿qué efecto tiene el uso no supervisado de Internet en la juventud el día de hoy?-

A lo que la bella jalisciense respondió:

-Creo que el Internet es una herramienta necesaria e indispensable en estos tiempos, en estos momentos. Y definitivamente tenemos que cuidar lo que nuestros hijos ven, lo que nuestros adolescentes ven y bueno, simplemente inculcarles desde jóvenes los valores que se aprenden en la familia para que puedan hacer un buen uso del Internet.

Y ante tal derroche de sabiduría, el mundo tuvo a su nueva reina.




NOTA: No pretendo poner en evidencia al certamen y/o el papel de Ximena Navarrete, no así a la realidad que se vive en México.

Es triste que mis relatos y cuentos siempre sean breves. Quiero escribir una novela, una que nunca termine...

Nacho Vegas y Christina Rosenvinge - Me he perdido by el_extranjero



Lo intenté por tercera vez,
me enfundé en mi traje beige,
miré hacia el suelo y me santigüé,
te encontré entre los escombros.

Y aún quedaba un muro en pie,
te vi apoyada en el y creo que
lo hacías para no perder la fe,
el Cristo en la pared se encogió de hombros.

Y tú con tu voz,
esa voz y tu pálida piel,
con el brillo en tu pelo del trigo,
con ese otro brillo que imagino tras tu abrigo.

Pasaste estos últimos inviernos
al calor de un infierno
construido en el amor
para acabar en demolición.

Me dices: "ahora ya estás advertido,
no te fíes de un animal herido".
Y ¿qué te iba diciendo yo?
Me he perdido.

Lo intenté siete veces más,
quería ver lo que hay detrás
de tu imperturbabilidad
y abrir tu puerta de cuarenta y tres candados.

Te adiviné en tu balcón
silbando una larguísima canción,
pensando "¿es esto lo correcto o no?",
así que hice chas y aparecí a tu lado.

"Lo sabes, ahora ya estás advertido,
no te fíes de un animal herido",
y yo, descuida, le mentí,
soy un experto cazador.

"¿Lo has visto? Es mi mundo derruido,
lo que hoy es puro mañana está podrido".
Y ¿qué te iba diciendo yo?
Me he perdido.

Mátame si ya no te soy de utilidad,
mátame tras leer el mensaje,
pero ahora me desnudaré
sin quitarme el traje.

"Lo he visto, este mundo al derrumbarse,
que lo natural es odiarse",
me dijiste, he de reconocer,
con cierta convicción.

Y entonces entonaste dulces gritos,
comenzó el más viejo de los ritos.
Fuiste tú, fui yo,
sencillamente fue algo superior.

Y añadiste, "si lo hacemos, tonto mío,
pues hagámoslo como es debido".
Y ¿cómo es eso? pregunté.
Y tú me dijiste: "justamente así no".

Y paraste, "me lo tengo prohibido".
Y yo protesté empapado y más que aturdido,
y ahora sí que sí que yo
me he perdido.

Que ahora sí que sí que sí
que sé que me he perdido,
porque sólo es pensar en ti y acabar perdido,
porque sólo con pensar en ti me pongo perdido.


Nacho Vegas
Verano fatal, 2007
El arma del escritor es la pluma...en especial cuando alcanza profundo el cuello.

El caso WallaceEl caso Wallace by Martín Moreno

My rating: 3 of 5 stars

Difícil describir lo que uno siente al concluir un libro como "El caso Wallace". Martín Moreno, con su peculiar estilo periodístico, hace un buen trabajo al contar lo sucedido en el secuestro de Hugo Wallace, así como las investigaciones llevadas casi de manera exclusiva por la madre del plagiado ante la pobre o nula respuesta del sistema de justicia mexicano.

El libro señala a un sistema podrido dejando una sensación de desesperanza y zozobra, apunta a la negligencia e ineficacia de las dependencias e instituciones del México actual. Corrupción e indiferencia son factor común en las autoridades del orden municipal y federal. Por otro lado muestra el espíritu y la tenacidad de Isabel Miranda de Wallace, madre de Hugo, alzando la voz, actuando y, aunque motivada por un interés personal, convirtiéndose en estandarte del ciudadano común sin pretenderlo.

Éste es uno de esos casos en los que la realidad supera a la ficción. El caso Wallace, crimen atroz, pone también en evidencia un mal mayor, el del sistema de justicia en México, responsable en buena medida al tolerar y fomentar el delito, en ocasiones por su pasividad para combatirlo y otras llegando a ser actor principal del mismo.

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Advertencia: Esta NO es una entrada sobre "Lost". Si usted está aquí buscando información sobre la maravillosa serie de televisión temo que saldrá decepcionado. La imagen de John Locke sólo pretende ser ilustrativa y, considerando que cualquier cicatriz tiene relación con la entrada, fue incluida por mi gusto hacia el personaje. Advertido está.


¿Todavía aquí? Gracias y empiezo.

El vapor empaña el espejo, con la palma de la mano trazo un arco que permite ver parte de mi rostro. Paso el peine cinco veces por el cabello húmedo antes de buscar detalles en la barba que recién recorté en la regadera. Me pongo los lentes y al pasar los dedos sobre la oreja para acomodar el cabello puedo sentirla, examino y veo el cartílago lastimado.

Hace diez años que llegué al departamento. Fue gracias a uno de mis primeros trabajos como profesionista. En ese trabajo tuve la oportunidad de aprender mucho tanto en lo profesional como en lo personal, me dejó grandes satisfacciones, enseñanzas mi independencia y...una cicatriz en mi oreja izquierda.

Nueve años atrás nos reunimos tres personas para discutir un tema laboral delicado, uno de ellos tenía algunas semanas intrigando, manejando un doble discurso para sembrar desconfianza entre el dueño de la empresa y yo. Era una empresa chica, si mal no recuerdo la constituían unas...cuatro personas. Supongo que el sujeto no consideró que nos reuniríamos para aclararlo, esa tarde en mi departamento la verdad saldría a la luz, pero no sin un costo.

Los detalles de la discusión no son importantes, al menos no para esta entrada, basta decir que mientras explicaba la situación al tercero, al saberse expuesto el puño de aquel sujeto impactó mi oreja sacudiendo mi cabeza de forma violenta. Nunca lo vi venir, no tuve oportunidad de defenderme, de meter las manos, ni siquiera de encoger un poco la cabeza y el hombro para absorber el impacto, fue un golpe a traición.

Golpeó con tal fuerza que afectó mi equilibrio, tratando de no caer trastabillé hasta alcanzar la pared, no entendí lo que sucedía, estaba desubicado. Al ver que se abalanzaba hacia mi para continuar la agresión sólo atiné a dar una patada al frente como quien intenta sacarse de encima a un perro rabioso. El tercero, jefe de los dos, lo contuvo y lo apartó, me llevé la mano a la oreja, se sentía caliente. El tiempo y todo lo supeditado a el transcurría distinto, era como estar debajo del agua. Recuerdo que intentó tranquilizar la situación pero mi primer acto consciente fue encarar al agresor y decirle que se largara de mi casa. Nuestro jefe intentó protestar pero el agresor, quizá arrepentido, comentó que estaba bien, que era mi casa y sin decir más se retiró.

Al examinar con mayor detenimiento descubrí el saldo: mi oreja partida desde la hélix hasta la fosa, parecía que hubiera sido rebanada por un cuchillo, al golpearme lo hizo utilizando un anillo que fue el que provocó el daño. La herida era escandalosa, la sangre escurría por mi cuello de forma abundante, tomó varias semanas que sanara y afortundamente las secuelas son meramente estéticas y no demasiado notorias. Al menos puedo decir que la situación se aclaró y que cada uno de los involucrados ocupó su lugar correspondiente, de los tres quedamos dos, la relación y confianza se fortaleció y continuamos con el proyecto laboral 3 años más.

Las cicatrices no son tan distintas de las arrugas. Son la huella de la experiencia, marca permanente de alguna vivencia, de un error o descuido, de un aprendizaje, de un triunfo o tropiezo, de algo que de una forma u otra me ha llevado a ser quien soy. Algunas son visibles, otras no, pero no por la parte del cuerpo en la que se encuentran, algunas permanecen en la psique del individuo por vivencias distintas a las que provocan daño físico, curiosamente son las que suelen dejar una huella más profunda.

La cicatriz es prueba fehaciente de recuperación con todo lo que esto conlleva. En principio seguimos aquí, sobrevivimos al evento que la provocó, pueden o no traer una enseñanza al individuo, eso dependerá de él o ella; lo cierto es que nos dan herramientas para dimensionar nuestros alcances, además pueden ser recordatorio de en quién (no) confiar como lo constata mi oreja.

¿Qué pude hacer para evitar la desagradable experiencia antes mencionada? Nada, fue un obstáculo más en el camino, otro de tantos que no me detuvo así como no lo hará ningún otro salvo ese único evento que marcará el final de mis días. Mientras eso sucede seguiré recolectando y atesorando cicatrices de las que llevo por fuera y guardando con recelo las que se llevan por dentro.

Un vistazo más en el espejo y salgo para encontrarme con ella.
Curiosa creatura el ser humano que crea dioses y luego los destruye.

Poderosa fuerza es la mujer. Pero sólo aquella que lo sabe.




La calle Pilares solía ser una de las más tranquilas de la colonia Del Valle, es una calle amplia pero su entorno cambió. La zona se pobló de escuelas privadas, poco después las casas fueron sustituidas por edificios y estos a su vez fueron derrumbados para dar paso a edificios más altos. Dónde antes habitaba una familia ahora lo hacen 10 (o 30, ¿quién sabe?). Aunque no hay mucho que decir en lo relativo al crecimiento poblacional es un tema aparte la concesión de permisos de construcción por parte de las autoridades locales, sin embargo no es el motivo de esta entrada, pretendo abordar un tema mucho más grande.

Le pido al lector que, haciendo un ejercicio y poniéndose en el lugar de los habitantes de dicha zona, tenga en consideración las características de la calle y la forma en que la vida diaria se transformó en un breve lapso de tiempo. Tránsito, ruido, problemas para estacionarse e inseguridad, desde robo de autopartes hasta asaltos se convirtieron en elementos de su día a día. A esta cotidianeidad tenemos que agregar la de una ciudad que se mantiene en construcción, cuando no son edificios son vialidades, segundos pisos, supervías, mobiliario urbano, señalizaciones, encarpetamientos, etc. No hay ruta alternativa que se salve, a donde vaya o a donde sea desviado encontrará obras de mantenimiento. Es una ciudad en obra permanente.

Es en este contexto que las autoridades de la noche a la mañana (literalmente) "agregaron" un carril para circular en dicha calle. No construyeron un carril adicional, lo que hicieron fue poner discos para prohibir estacionarse. Sin importar si vives ahí, en una calle normal que no es avenida, ya no te será posible estacionarte frente a tu propio domicilio, y yo no entiendo.
Además de no considerar a las personas que habitan esa calle, dicha medida fue acompañada por un fuerte operativo de grúas las cuales retiraron los automóviles uno tras otro. Desde la ventana pude ver la forma en la que desfilaban aprovechando el descuido de los vecinos y los incautos que tienen años estacionándose en ese sitio. Se despacharon a gusto. ¿Mencioné que son negocio familiar del Jefe de Gobierno del Distrito Federal?

Derivado de esto circuló un volante para hacer una junta vecinal en el parque Arboledas. Al hablar de una junta vecinal no me refiero a las personas que habitan un edificio o una cuadra, me refiero a toda persona que viva entre Avenida de los Insurgentes y Avenida Cuauhtémoc, hablamos de una distancia de casi 2 kilómetros donde en su mayoría hay edificios. Buscando un horario conveniente se convocó el domingo a las 10 de la mañana para así poder manifestarse, evidenciar nuestra molestia y organizarnos en las medidas a tomar para evitar este atropello por parte de las autoridades. Asistimos 10 personas, y yo no entiendo.

¿Qué es lo que el mexicano lleva en la sangre que le hace tolerar estas cosas? Primero pensé que pudiera ser la falta de interés, que no le importa. Eso nos daría algo de luz pues el día en que la situación sea insostenible y en verdad se interese por algún tema tomará medidas al respecto. Lamentablemente no es el caso. El mexicano puede estar en esa situación límite y mantenerse ahí de manera permanente.

Hemos sido testigos de toda clase de abusos y atropellos. Como aquel impuesto "temporal" a la tenencia del automóvil para llevar a cabo las olimpiadas de 1968, impuesto que persiste 42 años después. Sin duda las olimpiadas más caras de la historia. El desaparecer dicho impuesto ha sido una promesa de campaña en más de una ocasión y el mexicano lo sigue pagando.

Hemos visto también tráfico de influencias, políticos que pagan sus vacaciones y lujos con dinero público, funcionarios robando capturados en video (sólo en video), un gobernador que gana la lotería no una sino en dos ocasiones, ediles asesinos prófugos, magnicidios, fugas masivas de penales, ejecuciones en centros de rehabilitación, sicarios presos que dejan los reclusorios por las noches para cometer sus asesinatos con el consentimiento y cobijo de las autoridades y podemos continuar con la lista. Todos impunes, no importa que tan terrible sea, a cada hecho le sigue un nuevo abuso o escándalo que sepulta al anterior, y nunca pasa nada.

Tenemos una clase dorada que vive en un país diferente al del común de la gente, una clase política que ha perdido contacto con la realidad del país y sus gobernados. Ellos no entienden de inseguridad, de pobreza, de hambre, sangre y miedo. Ellos no utilizan el transporte colectivo, se trasladan en autos blindados. No caminan las calles, no lo hacen durante el día, mucho menos en la noche. Sus hijos estudian en el extranjero y no saben de las carencias de la educación pública de su país, si es que tienen sentido de pertenencia. No saben lo que es acudir al seguro social para la salud de los suyos, que les nieguen la atención, que los tengan 12 horas en una sala de espera para atender una urgencia. Y todo esto con un sistema de justicia que “funciona” para quien lo puede pagar. En México no hay culpables, solo personas pobres.

Según la encuesta Gallup, publicada en el portal de Forbes el 14 de Junio de 2010, México está entre los primeros 20 países más felices del mundo. La encuesta fue realizada entre 2005 y 2009 e incluye 155 países. Dicha encuesta se basa en el nivel de satisfacción con el entorno: un trabajo decente, servicios médicos, buenas escuelas, entorno libre de crimen y violencia, gobierno estable, poca corrupción y una percepción general de bienestar, y no lo entiendo. Lugar 18 de 155, ¡vaya! ¿Cómo es esto posible?
Es claro que la encuesta es sobre percepción, nuestra calidad de vida dista mucho de ese “bienestar” o alegría que refleja dicha encuesta. El hecho de que figuremos en una posición tan privilegiada en dicha encuesta pudiera encontrar razón en el carácter amigable y alegre del mexicano. Se ríe de la muerte y la desgracia, incluida la propia. Lamentablemente en este caso no es factible aplicar la máxima “percepción es realidad”.

Tenemos nuestras raíces en pueblos guerreros que fueron sometidos culturalmente. ¿Es tan profunda la herida que llevamos el yugo impreso en nuestro ADN? ¿Será ese mismo carácter alegre lo que nos hunde? ¿Qué nos hace soportar de manera estoica los incontables atropellos?

Nuestra tolerancia y desinterés vestidos de tragedia ya han alcanzado a la niñez, ejemplo de esto son los casos de la discoteca New’s Divine donde en un operativo fallido perdieron la vida 12 jóvenes, el incendio de la guardería ABC con saldo de 49 niños muertos y 76 lesionados y, aunque pudiera considerarse un hecho aislado, el caso de la niña Paulette en el Estado de México exhibió la caricatura y el circo que es nuestro sistema de justicia (sugiero de manera enérgica consultar fuentes NO oficiales para formar su opinión). ¿Y si para variar en estos y otros casos dejamos de reír de nuestra tragedia y tomamos acción?

Le pregunté a uno de los vecinos el por qué no asistió a la convocatoria. "Es que era muy temprano", respondió. Si no somos capaces de actuar en lo más pequeño e inmediato no podemos esperar algo distinto para un compromiso mayor. Seguimos y seguiremos soportándolo todo.

“Un pueblo no debe temer a su gobierno, es el gobierno quien debe temer al pueblo” quizá uno de estos días.

Y ahora entiendo, y no me gusta. Y con los ejemplos antes mencionados y otros tantos que no cito para no agotar al lector, dos palabras se graban con fuego en mi mente:

"No estacionarse".


Por si les quedó tiempo:

Los medios, Twitter y de nuestra gran responsabilidad recién adquirida

Náufragos


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"Será mejor hacerlo por escrito. Tú sabes, las palabras se las lleva el viento." Dijo mientras sacaba el bolígrafo.

El viento les miraba divertido. Como si el ponerlas en papel representara un impedimento para él.

Miss Narco (Spanish Edition)Miss Narco por Javier Valdez Cardenas

Mi calificación: 3 de 5 estrellas

Seductoras seducidas, Sin deberla pero siempre temiéndola, Cosas de familia, Heroinas, las Reinas y Narcobelleza, son las categorías en las que Valdez clasifica las historias contenidas en "Miss Narco". Resulta interesante descubrir protagonistas que tocan dos o más de estas categorías.

Evitando juicios de valor, se puede decir que casi todas las mujeres incluídas en las historias son heroínas. Tienen en común, en mayor o menor grado, el ser víctimas de las circunstancias. Su situación es resultado de una sociedad y un sistema en el que el narcotráfico se ha enquistado convirtiéndose en un mal necesario, un poderoso motor para el México actual. Algunas de estas historias utilizan a la protagonista como pretexto para ahondar en un escenario mayor, cubriendo la parte social, política o económica del México rojo.

El autor profundiza en casos de los que recibimos sólo una vaga nota por parte de los medios tradicionales, son casos que merecían una mayor cobertura y se agradece el trabajo de investigación. Encontré mujeres extraídas del anonimato de las que poco o nada pude haber imaginado, así como caras familiares a las que pude conocer y comprender un poco más.

Tragedia, esperanza, desesperanza, resignación, ambición y coraje son elementos para las historias contenidas en este libro, en algún tiempo pudieron haber sido material para alguna obra de ficción, hoy se han vuelto parte del paisaje.

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Después del intenso calor llegó casi de manera inmediata y sin aviso la temporada de lluvias. No recuerdo alguna otra ocasión en la que lloviera de manera tan intensa como este año. Con excepción de algunas horas durante la mañana llovía prácticamente todo el día y toda la noche.

Esa tarde salí de la oficina apurado para alcanzar a un amigo que me daría aventón a la casa. De lo contrario me esperaba un sauna en el Metrobús y 20 minutos de caminar bajo la lluvia brincando charcos que pretendían ser lagunas, si bien resultaba incómodo al menos bajaría de peso. Caminé a paso veloz sorteando a personas más precavidas que yo que, anticipando la situación, cargaban consigo un paraguas. Con o sin lluvia resultaba un fastidio cruzar la Zona Rosa de la Ciudad de México debido a la conglomeración de almas nacionales y extranjeras que daban a la metrópolis su carácter cosmopolita.

Después de sobrevivir a la zona de mayor afluencia, al cruzar Florencia, caminar por las calles resultaba algo un poco más normal, se podía caminar por la banqueta sin tener que abrirse paso entre la gente. A pesar de ser una zona poblada de bancos, dependencias gubernamentales y oficinas empresariales; en la calle de Hamburgo se puede encontrar una que otra casa aislada así como fondas o locales particulares, sin embargo mi pensamiento estaba más en mis calcetas mojadas que en mi alrededor.

Fue en el portal de una de estas casas donde una visión me provocó un nudo en el estómago. Estuve a punto de tropezar con él, me tomó un par de segundos entender ese bulto que tenía a mis pies. Un hombre sentado en el peldaño de una casa de espaldas a mí, encogido, metido entre sus rodillas refugiándose de la lluvia. Su cabello parecía estar hecho por trenzas de mugre de un metro de largo, cubría por completo su rostro, ese negro terroso se confundía con la chamarra la cual estaba en condiciones similares a sus rastas. No pude apreciar su complexión o algún otro detalle debido a la posición en la que estaba, pareciera que intentaba ocultarse cual si fuera el niño que cree que cerrando los ojos se vuelve invisible al mundo.

Reaccioné de la forma en que lo hace el común de la gente, me seguí de largo. Sin embargo al pasarlo volteé, seguía en la misma posición. ¿Qué esperaba? ¿Que se pusiera de pie y fuera detrás de mí? Algo en ese cuadro me hizo detener, apareció en mi ese lado que por algún tiempo intenté sepultar, el del artista. Deseé tener una cámara en mis manos. Sin darme cuenta me detuve a tres metros de él, dudé un instante en hacerlo, pero antes de que pudiera recapacitarlo saqué mi teléfono móvil. Si no contaba con una cámara al menos me llevaría una imagen en baja resolución, quería compartir esa visión con el mundo.

Me acerqué buscando el mejor ángulo para la fotografía, tendría que ser a corta distancia debido a las características tan básicas de la cámara integrada al teléfono. Caminé con pasos sigilosos, con la precaución de quien pretende sorprender a una presa para capturarla, después de todo el ejercicio de la fotografía es algo parecido, es capturar a alguien o algo en un instante, en el instante preciso. Sentí la adrenalina correr por mis venas al pensar que el sujeto pudiera estar drogado. Me apoyé detrás de una maceta buscando soporte para mantener fija la cámara.

Mientras buscaba la composición idónea para la toma un niño de no más de 12 años apareció a cuadro, miré por encima del teléfono esperando que se retirara. El niño no se apartó, buscó como sortear al vagabundo y tocó la puerta en tres ocasiones con toda la fuerza que pudiera haber en él. Al hacerlo, cual si fuera un Golem de piedra, el hombre se incorporó. Ignorando al niño giró sobre su eje y caminó hacia mí, todo sucedió en un segundo. Debía medir al menos 20 centímetros más de que yo. Me quede paralizado, apenas di un vistazo al niño y a su madre quien le daba alcance temiendo algún peligro por parte del hombre. El vagabundo me pasó de largo dejando una estela de olor con la que bien pude haberlo localizado dándole tres cuadras de ventaja. La madre del niño me sorprendió con el móvil en la mano, mirándome con mayor repulsión que al sujeto que acababa de abandonar el portal. Yo solo pensaba en mi fotografía.

Tuve el impulso de estrellar al niño contra el portal, patearlo en repetidas ocasiones en el suelo y hacer lo propio con su madre. Intercambié miradas con ella, por la forma en que me vio supongo que algo intuyó en mi mirada. Di la vuelta y continué mi camino bajo la lluvia maldiciendo a ese par, aquel que apareció en el instante preciso arruinándolo todo.

Otras entradas:

Costras de mugre
Tarde de lunes
Temporada de lluvias


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